jueves, 6 de octubre de 2011

Caminando sobre el abismo.

Permítanme que me sirva de una metáfora cinéfila para explicar un pensamiento que me asaltó esta mañana. Mientras caminaba por el pasillo en el trabajo recordé una secuencia de la película X-Men II en la que el supervillano Magneto escapaba de su cárcel de plástico con la ayuda de un poco de hierro que le había proporcionado su aliada Mística. Tras conseguir abrir la puerta, el villano escapaba transformando el polvo de hierro en láminas que iban desplegándose bajo sus pies a medida que caminaba.

(X2, directed by Bryan Singer. 20th Century Fox, 2003.)
 Si recordé esa secuencia no es porque anduviera soñando con todas esas cosas que sería capaz de hacer si tuviese superpoderes (que dicho sea de paso, usaría siempre para hacer el bien). Fue porque la idea de construir un camino sobre el vacío me pareció una interesante metáfora de nuestra propia vida. Una servidora, como la mayoría de la gente, ha pasado por etapas difíciles y se ha encontrado frente a una situación en la que la estructura que hasta entonces soportaba el peso de su vida se venía completamente abajo. Pero siempre llega un momento en el que uno se tropieza con el descubrimiento de su propia verdad, o lo que en la literatura se conoce como "epifanía”: que los problemas acaban desapareciendo, que se puede disfrutar muchísimo de la vida, que los desengaños amorosos terminan y la felicidad siempre vuelve, que los amigos y la familia son lo más importante... Y todo eso sucede cuando uno decide dar un paso y comenzar a caminar sobre el abismo. Para ello hace falta tan solo un elemento: la fe. La RAE, exceptuando el contenido teológico, define la fe como la "confianza, el buen concepto que se tiene de alguien o de algo", y como "seguridad, aseveración de que algo es cierto". Y es que sin seguridad y confianza en uno mismo no podremos atrevernos a dar ese paso que nos aísla en la nada y nos impide seguir adelante.

Lo que me lleva a otra metáfora cinéfila que además es una de mis escenas favoritas en la historia del cine: la secuencia en la que Indiana Jones se ve obligado a cruzar un precipicio en La Última Cruzada. ¿Cómo llegar hasta el otro lado habiendo en medio un enorme abismo? El protagonista termina encontrando la respuesta en sí mismo. "Es un salto de fe", murmura. Aún presa del miedo no vacila, no retrocede ni vuelve atrás, sino que con un solo paso hace surgir ante él un enorme pasillo invisible por el que acaba cruzando hasta el otro lado.

Y es que en la vida hay un largo camino que recorrer, aunque a veces las circunstancias no nos permitan verlo, aunque parezca que estamos a punto de caer y perdernos en la nada. Pero debemos creer en nosotros mismos, en que algún día la tristeza y los problemas acabarán desvaneciéndose, y no es hasta que empezamos a pensar en positivo que solo entonces se muestra el camino frente a nuestros ojos. Quizás no tengamos superpoderes como Magneto, ni contemos con la protección de un Santo Grial, pero llevamos dentro una energía tan grande como para crear nuestro propio camino a voluntad. Para ello tan solo tenemos que desearlo de corazón, perder el miedo y sobre todo, comenzar a caminar.
 
(Indiana Jones and The Last Crusade, directed by
Steven Spielberg. Paramount Pictures, 1989.)

miércoles, 5 de octubre de 2011